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“Papá no sabe que soy gay”
por Martha Elí Robles | 30-07-2008 |

Aumenta el homosexualismo al 20 por ciento entre la juventud; pero también el tamaño del clóset, porque los muchachos prefieren pasar como “hombres/hombres”, antes que decirles a sus padres detalles sobre su preferencia sexual

Gerardo tiene 17 años, y hace tres decidió ser homosexual… nadie lo sabe en casa, nadie de sus amigos más cercanos.
Le da pena.

Todos los viernes se va a Nuevo Laredo, a dos horas de distancia por carretera, y en cuanto llega, entra al baño de la central de autobuses, de donde sale convertido en una despampanante rubia.

Sí, es una “vestida”, cierta clase de homosexuales que gustan de usar prendas femeninas… de hacerse pasar por mujer.
No sabe cómo decirle a sus padres que es homosexual, de hecho, piensa que tarde o temprano va a terminar casándose con una mujer y va a tener hijos.

“No sé cómo lo tomarían mis padres, no puedo decirles, porque de seguro se arma una tragedia en la casa”, expresa.
Gerardo sigue en el “clóset”, esa expresión que se utiliza para denominar a quienes son homosexuales, pero no lo aceptan públicamente.

El crecimiento de esta tendencia sexual en Monterrey va a pasos agigantados… no hay estadísticas oficiales, pero grupos gay hablan de 600 mil homosexuales en el área metropolitana, el 20 por ciento de la población total.

Cada vez son más… y cada vez son más los dramas en la familia, cuando uno de ellos se atreve a confesar su condición.

CRÍTICAS
María Eduviges Niño Lara, sicóloga con maestría en ciencias, y además sicoterapeuta para niños, adolescentes y adultos, reconoce que los jóvenes que optan por el homosexualismo, afrontan un conflicto con su decisión o indecisión de comunicar a sus padres la realidad.

“En general, son bastante criticados por la familia y por la sociedad. Entran en crisis ya que no solamente tienen que confrontar a la familia, sino también a la sociedad que no entiende esta diversidad de género.

“Todavía nuestra cultura no está preparada para aceptar esta diversidad, lo ven como algo pervertido. Es una orientación sexual, no es una cuestión de genética”, señala la especialista.
Añade que nuestra sociedad es todavía eminentemente machista, y por ello se agudizan los problemas que los adolescentes tienen de por sí al atravesar por una etapa de su vida llena de confusiones.

“Los muchachos tienen serios problemas porque no saben cómo decirle a sus padres… prefieren callar y vivir como si fueran “normales”, es decir, heterosexuales”, manifiesta.

LOS PADRES
Para los padres es un impacto muy grande, cuando saben o descubren que su hijo es gay, entran en shock, ansiedad, angustia.
“El padre es el que no acepta esto, la madre se deprime, el padre se enoja, se violenta con el hijo… los jóvenes entran en depresión y luego vienen intentos suicidas”, externa.

Como hasta el momento no se ha logrado que ante el aumento de homosexualidad en la juventud, los padres acepten que sus hijos tienen una tendencia diferente, los hijos terminan por irse de la casa.
“No pueden vivir en una familia normal… no pueden mirar a los ojos a su padre… no soportan seguir igual y se van”, externa.

La sicóloga indica que no estamos preparados, como padres, para afrontar una confesión de este tipo…
“Todavía no hay una cultura, la sociedad no está preparada. Los padres de los adolescentes tienen que entender que ni es enfermedad, no es algo que falle de los padres, es decisión del hijo, se va dando”, indica.

ASÍ LO EXPRESAN
A pesar de ser gay declarado, Patricio, no se atreve a decírselo a su padre, a pesar de tener la seguridad de que su padre tiene la sospecha, pero que jamás tendrá la certeza, porque no piensa revelarlo ante él.

Asegura que con su madre tuvo la suficiente confianza de hablarlo, y que ella entristeció, pero no por su condición de homosexual, sino por el daño que pudieran hacerle aquellos que no entendieran su decisión.

Patricio asegura que su madre lo entendió, sin embargo entre los dos acodaron que sería mejor no mencionarlo a su progenitor, pues a pesar de la apertura ideológica y la tolerancia que se vive ahora en la ciudad, están concientes de que no es algo que los padres esperan de sus hijos, por lo tanto, no es algo que comprendan con facilidad.

“Mi mamá es mi mejor amiga. Ella quiso preguntarme cosa más íntimas que yo no podía responder porque ella no me cuenta sus intimidades”.