La obligación de pelear de las alumnas y alumnos puede llegar a extremos fatales, y la autoridad todavía no sabe cómo reaccionar
Alejandra está rodeada por seis jovencitas de su secundaria, es el último día de clases; ella no ha peleado en todo el año y eso no puede ser.
“Me empujaron varias veces… me querían tirar al sueño para patearme o pegarle con palos que traían, yo no quería pelear”, insiste.
Alumna de la secundaria 33, la jovencita corrió por la avenida Fundidores hasta que fue arrollada por un ecotaxi.
Las heridas físicas no fueron leves; las emocionales quizás no sanen pronto; ella no quiere volver a la misma escuela, porque sabe que allí estarán ellas de nuevo.
La noticia de su atropello no incluyó en los espacios noticiosos de la televisión la historia que motivó la huída de la jovencita de 14 años.
Su madre, del mismo nombre, ha solicitado apoyo, pero afuera de la escuela los maestros ya no son responsables.
“Voy a tener que ir yo por ella a diario, como si estuviera en el kínder, a ver si conmigo se atreven esas muchachitas”, advierte.
¿Se atreverán?
Madre e hija están metidas en un grave lío, algo que se ha generalizado y que amenaza con llegar a extremos trágicos.
¿Cómo y en dónde ha comenzado este fenómeno?
INICIOS
En la primavera de 1982, la sociedad de Noruega se vio estremecida cuando los periódicos informaron la muerte de tres alumnos que cometieron suicidio y las investigaciones de la Policía indicaban que habían preferido morir a seguir siendo victima de las agresiones de sus compañeros de escuela.
La movilización de los padres de familia y diversos actores de la sociedad obligaron a las autoridades educativas a realizar una campaña nacional contra los problemas de violencia en la escuela, pero sobre todo a que iniciara un estudio científico de los problemas de agresores y victimas en los centros educativos.
Fue así como Dan Olweus dio origen a las primeras investigaciones que se conocen sobre el maltrato entre iguales (alumnos) en las escuelas, haciendo a un lado las peleas ocasionales entre estudiantes fortachones de igual estatura, para enfocar el estudio a los alumnos abusones que hostigan, acosan, intimidan y vitimizan a sus compañeros, es decir a los “matones” de aula y patio.
Por acuerdo reciente de los científicos, este fenómeno es estudiado hoy mundialmente con el nombre de bullying, mismo que se caracteriza por un proceso repetido de acoso e intimidación de uno o varios alumnos dañan, hieren e incomodan a algún alumno o alumna con amenazas, burlas, apodos, acciones que los ridiculizan; les pegan, difunden malos rumores en su contra, los aíslan socialmente, les esconden sus mochilas, les roban sus útiles escolares y pertenencias, les estiran los cabellos, les meten el pie, los obligan a hacer cosas que no quieren, les impiden participar en conversaciones y juegos, entre muchos otros maltratos.
Cuando este proceso es continuo las víctimas sufren mucha ansiedad, baja autoestima, problemas de aprendizaje, depresión, que en casos extremos las han llevado al abandono de estudios, el suicidio y a buscar armas para acabar con la vida de sus agresores.
En México no estamos exentos de este problema. La muerte ronda las aulas.
El 14 de febrero de 1988 en Iztapala, cuatro estudiantes de secundaria sustrajeron de su casa a la alumna Sandra Campos y con engaños la llevaron a un lote baldío, donde la atacaron con un machete, la golpearon, la derribaron y le dejaron caer una enorme piedra en su cabeza; y creyéndola muerta la enterraron viva.
Sandra Campos fue hallada un día después por algunas personas que pasaron por el lugar y pudo recibir el auxilio que le salvó la vida, pero ella no ha podido olvidar el trauma de aquella agresión ni que sus atacantes fueron liberados al poco tiempo y fueron a su casa a seguir burlándose de ella.
Hace cuatro años en Ciudad Guadalupe, un niño de primaria tomó un pistola de su abuelo para acabar con la vida de varios compañeritos que lo acosaron hasta el cansancio. Se dio un balazo en la pierna cuando el único amiguito que teñía accionó la pistola al buscar golosinas en la mochila.
(El autor es Doctorado en Educación por la Universidad Complutense de Madrid)

-Los índices de drogadicción entre estudiantes de secundaria ya son alarmantes, reconoce la SEP.
-La semana anterior, un maestro fue acuchillado en Santa Catarina luego de ser amenazado por alumnos indisciplinados.
-Afuera de las escuelas, la autoridad educativa no se hace responsable de la conducta de los alumnos.