La fría realidad decía que era imposible vivir del canto, por eso escogió ser diseñadora… la vida le tenía una sorpresa.
En dos meses, Paty Santos ha pasado de ser la diseñadora gráfica de una empresa local, a una de las voces más reconocidas de México.
Para decirlo pronto, es una de las Voces del Bicentenario, una soprano descubierta en un concurso, que descubre a su vez un mundo inesperado.
Ella ha resultado ganadora absoluta de un certamen, el primero en México, dedicado a los cantantes líricos: Ópera Prima, organizado por la Secretaría de Educación, el INBA y Canal 22.
Paty es la equivalente a Paul Potts, el tenor inglés que antes de un concurso de talentos, era vendedor de teléfonos móviles.
Más de setecientas solicitudes de inscripción, solo 22 participantes seleccionados, cinco finalistas, tres ganadores, y uno al estrellato.
Ella había escogido ser diseñadora porque no había otra forma de ganar dinero, y medio abandonó su carrera de canto… ahora el canto la escoge a ella.
“Un día llegué a un punto en que ya no podía pagar mis clases de canto, y a veces tampoco me daban ganas de tomarlas después de una jornada de trabajo de ocho horas”, recuerda Paty en el camerino del Teatro del Centro de las Artes.
Gracia y simpatía, buen porte, personalidad, confianza, irradia esta regia, ex alumna de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, en la que llevó cuatro años de estudios a la par de su carrera de diseño gráfico.
“Es que no estaba segura de querer una carrera como soprano, tenía que hacer dos años de propedéuticos y ocho de estudios formales, cuando llegué a la escuela tenía quince y yo solo quería cantar, me espanté cuando la maestra me dijo que me mandaría directo a la carrera”, comentó.
“Mis papás me llevaron a un espectáculo, precisamente en esta escuela, era una ópera completa un tanto chusca, nunca se me olvidó, se me quedó muy grabado todo, pero con la inseguridad, decidí también estudiar diseño gráfico, y llegó un momento en que no podía con las dos carreras, así que dejé el canto, sin vuelta atrás”.
Pero nunca dejarlo por la paz, dedicada al diseño como carrera, durante diez años ella misma se costeó sus clases, sus audiciones, sus concursos, y hasta ganó una beca para estudiar canto en Barcelona.
“Aquí participaba en zarzuelas, en algún concierto, pero no más, aquí no hay mucho por hacer, pero un cantante siempre debe seguir preparándose, siempre necesita alguien que le diga si va por el camino correcto”.
EL GIRO
Antes de Ópera Prima, que se realizó entre mayo y junio, Paty Santos era una chica común, casada, sin hijos, trabajadora, que hacía trámites para cambiar su residencia a Canadá, y olvidarse de la ópera.
“Esto es raro, mi vida ha dado un giro de 360 grados. Recuerdo hace como tres años, se me ocurrió un proyecto, toqué mil y una puertas, buscando alguien que se interesara en apoyarme solo con la producción, nosotros regalábamos nuestro trabajo… nadie me peló… lloraba de impotencia”, reveló
“Y ahora, me asusto de tanta entrevista”, aseveró.
La regia disfrutará de los premios, que más bien son compromisos, como una beca de 30 mil pesos mensuales para estudios, una audición con Plácido Domingo y una beca, otorgada por la Sociedad Internacional de Valores de Arte Mexicano, para asistir por un año a los talleres del gran tenor en Estados Unidos.
Un papel en una producción de la temporada regular de la Compañía Nacional de Ópera del NBA; participación en la temporada 2011 de la Ópera de Massy, Francia, y en un recital en el Festival Internacional Cervantino 2010, enmarcado en los festejos por el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución de México, entre otros.
Sin embargo lo que más emociona a Paty es cantar en Bellas Artes. “Me dije una vez: algún día me voy a hartar de cantar ahí, espero que se cumpla”.
* FOTOS: Cortesía de CONARTE/Vicente Guerrero.